Con arados, de la misma forma que Dora Salazar hacía con las bicicletas, construí varias esculturas de animales. Los expuse en Estella y era gracioso escuchar los comentarios de la gente; si eran mayores y de campo reconocían los arados y se explicaban unos a otros el funcionamiento de las máquinas. Si eran niños veían al tiranosaurio rex o al velocirráptor.

El esta exposición hice un juego, simulando que los animales y otros objetos que expuse  eran restos paleontológicos de alguna civilización pasada.

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