De vuelta de su viaje Juan sukilbide sigue escribiendo historias aunque ahora los protagonistas son de otro color.marijose

Dos hijos.

El hijo mayor de Binata  de 23 años y el segundo de Jawara, de 22, se marcharon sin despedirse de nadie, sin avisar, tenían más que prohibido hacer nada así. Las dos familias comparten casa, los dos chavales estudiaban en la escuela de electricidad. (Uno ha vendido su moto y el móvil, el otro un televisor relativamente nuevo y además ha pedido un préstamo a su padre. Los dos escuchaban la radio en inglés a escondidas.)

Han pasado tres semanas desde ese día y no tienen noticias de ellos pero sospechan que, como tantos otros, estarán intentando llegar a Italia o a Grecia. Sus madres ni siquiera saben si han cogido una embarcación o van por carretera, quizás hasta Libia.

El muchacho de Ramatulai sí que llamó. Bueno, no él, unos ladrones que lo habían capturado. Le golpearon hasta que les dijo el teléfono de sus padres y a ellos les pidieron un rescate de cuatrocientos mil francos cfas. No pudieron reunir tanto, ni siquiera  la mitad, pero parece que fue suficiente.

Binata y Jawara por economizar comparten muchas cosas, también el teléfono.

Sin embargo a las dos les da miedo, ninguna lo quiere llevar encima, lo tienen en una repisa alta, junto a las dos linternas. No suena casi nunca pero cada vez les da un vuelco el corazón. SI no suena no es la peor señal, a menos que pase mucho tiempo. Si suena sólo quieren oír la voz de su hijo confirmándoles que ha llegado y que está bien.

Un martes alguien le contó a Binata que habían encontrado un grupo de jóvenes muertos en un camión que trataba de entrar en Francia. No le dijeron que entre ellos estuviera su hijo pero ella tuvo un ataque de ansiedad. Gritó, lloró, tiró al suelo la ropa recién lavada y tendida… y fue a por el teléfono. Le escupió, salió fuera y furiosa lo arrojó al pozo seco del patio de atrás. Cuando por fin se calmó buscó a Jawara y lloraron juntas, pero casi sin hacerse oír.

Esa noche no pudieron dormir. A las cuatro de la madrugada, las dos en la misma cama, se sobresaltaron con el sombrío sonido, semienmudecido de su teléfono.

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